Gran alboroto en el sector izquierdo, el molarcito Juancito se mueve y se mueve. La lengua lo tiene de aquí para allá. Los demás molarcitos están asustadísimos, menos él que está a punto de desmayarse, pero tiene un hilo de voz para gritar:
-¡Hurra! ¡Me voy a ver el mundo de afuera! ¡Por fin, voy a conocer al Ratón Pérez! No me extrañen porque detrás mío viene un amigo. Me secreteó que se va a llamar “pre molar”, pero yo lo llamaré Juan. Y, en ese instante, el molarcito se quedó suspendido en la lengua y, rápidamente, cayó entre los dedos de Martín.
Los otros molarcitos quedaron tristes y observando una mancha roja que salía desde donde había estado su amigo Juancito.
De repente se escuchó casi como un susurro:
-¡Silencio, ahí viene!-gritó bajito alguien de la comunidad dientuna.
-¡Al fin ese duende remolón! -protestó un incisivo- Lo están esperando en el lugar del hecho y él se demora.
Era el duende Tapita que, con su “tapón” mágico, hizo que desapareciera la mancha roja que salía de la boca de Martín.
Al día siguiente, Martín quiso encontrar su molarcito en el lugar donde lo había dejado y ¡oh sorpresa! no estaba…¡había desaparecido! Buscó y buscó por todos lados... y nada.
En cada rincón de la casa puso carteles que decían: “Se busca diente de leche sin raíz. Por favor, miren con cuidado y encuéntrenlo. Se dará recompensa”.
A Martín no le interesaba que el ratón Pérez le trajera plata a cambio del diente. Tenía suficiente en una alcancía que le había regalado su abuela. Para él, su diente de leche pasaba a formar parte de una colección con todos los demás que se le fueron cayendo.
Para Juancito tampoco había sido un buen día. Él esperaba encontrarse con el ratón Pérez y sufrió la desventura de estar perdido.
Pero, muy cerca, mirando y buscando también, se hallaba otro grupo de curiosos, unos duendes con pinta de ratones.
¡Ahí está!-gritó uno más chiquito- ¡al lado de la pata! Y allí fueron a rodear a Juancito, que al verse descubierto se sintió aliviado porque ya no estaba solo. Pero… ¿quiénes serían estos desconocidos? ¿Serían ayudantes del ratón Pérez?
Juancito los miraba y suspiraba un poco asustado.
De repente fue levantado por los dedos de Martín, quien aliviado guardó a Juancito en un cofre donde descansaban otros iguales a él. Todos ellos parecían dormir, pero Juancito estaba despierto y tan intrigado que quería llorar porque esto no era lo que él había imaginado.
En ese momento, el cofre se empezó a mover y en un sacudón Juancito se cayó.
Eran los duendes con pinta de ratones que lo estaban buscando para hacerle una pregunta muuuy importante:
-¿Querés ver al ratón Pérez?”-le preguntaron.
Juancito sorprendido y alegre respondió:
-¡Sííí!- y lo sostuvo en si menor.
Y así, Juancito se transformó en uno más del grupo de los duendes y se fue, en un coche en forma de zapato, a la tierra del ratón Pérez.
Hasta aquí les cuento porque no recibí ninguna carta de Juancito
¿Se imaginan ustedes como será Pérez y su mundo?
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