Ustedes ya saben que soy odontologa y es mi trabajo ayudar a que se pueda sonreir cuando uno quiera, pero esto que me pedía Camila estaba fuera de mi profesión. El día que la conocí, en algún momento dudé si esa cara “seria” tenía algo que ver con el miedo, pero pronto comprendí que la causa por la que su linda sonrisa había huido era su tristeza.
Pero siempre hay un lugar por donde empezar a buscar y poco a poco... charla que te charla... chiste de por medio, fue surgiendo, como un dibujo, la sonrisa más pequeña y pícara que vi desde hacía mucho tiempo. Y, aunque todavía no mostraba las lindas paletas incisivas, era una sonrisa hecha y derecha, evidencia de que se le había ido un poquito la tristeza.
Con la cámara de fotos siempre a mano le tomé una foto, no solo para evidenciar la captura de la fugitiva, sino también para que se la llevara de recuerdo y pensará cuán fácil es sonreír. Y colorín colorado cumplimos la tarea.
PD: Les cuento que después de la foto, pude ver su molarcito, pues detrás de su sonrisa recién recuperada, la boca se abrió grande como sonrisa de hipopótamo, mostrando todas sus valiosa piezas.
¿Ustedes perdieron alguna vez la sonrisa? ¿Cómo hicieron para encontrarla de nuevo? ¿Alguien los ayudó?
No hay comentarios:
Publicar un comentario